Hans Coper

Hans Coper


índice
1 introducción
2 trazos biográficos
3 coper ceramista
4 carácter de su obra


1 introducción
En propiedad, no podemos considerar a Hans Coper como perteneciente al grupo de ceramistas que en los años 20 del siglo pasado iniciaron una renovación de la cerámica.
Corriente que da lugar a lo que, en la actualidad, conocemos como cerámica artística, de autor.

Realizaron su obra lejos del mal gusto de las cerámicas producidas industrialmente para el consumo masivo, al margen de las tradiciones artesanas, de la historia y de las nuevas corrientes estéticas emergentes.


Si bien, a Hans Coper, por edad y por la etapa donde se inscribe la realización de su trabajo no lo podemos incluir en dicho grupo renovador, con la figura y obra de Hans Coper, se da la inauguración de un paradigma:

un arquetipo de ceramista individual, de estudio, con obra muy personal, que desde las técnicas tradicionales de ejecución de las piezas cerámicas (al torno, pastas cercanas al lugar de trabajo, cubiertas de engobes, etc.) desarrolla un trabajo que enlaza con las corrientes artísticas de vanguardia a partir de la mitad del siglo XX
.

2 Trazos biográficos
En 1920 nace Hans Coper en el estado de Baja Sajonia, Alemania, cerca de la frontera Checa. .
Su infancia y adolescencia se verán marcadas por uno de los periodos más trágicos de la historia reciente.

Tras la derrota alemana en la 1ª. Guerra Mundial sucederán a gran velocidad en este país una serie de acontecimientos:
revoluciones comunistas fallidas, golpes de estado de paramilitares reaccionarios, surgimiento de partidos ultranacionalistas de extrema derecha, que desembocarían con la toma del poder en los años 30 del partido nazi, apoyados por los sectores más reaccionarios de la sociedad y el estado.

El régimen de terror que se instaura estará dirigido hacia los partidos de izquierda, el aumento de la xenofobia y el racismo antisemita.
La vida de Coper quedará marcada.
Las presiones antisemitas de los nazis llevarán a la ruina y posterior suicidio en 1936 de su padre, propietario de una pequeña hilatura.
Tras este trágico suceso se desmembra la familia. El hermano mayor abandonará Alemania un año después, el mismo camino adoptará Hans Coper.

Con una salud muy quebrada conseguirá huir de la Gestapo, para instalarse en Inglaterra apenas unos meses antes de la ruptura de hostilidades de Alemania con Polonia, que daría origen a la 2ª. Guerra Mundial.
En Inglaterra, Hans Coper, sin recursos, desconociendo el idioma, sin ayudas ni futuro claro, será presa de la desesperación, querrá poner fin a su vida aunque no logre consumar el suicidio.
Para aumentar sus padecimientos, las autoridades inglesas lo confinan como exiliado de un país enemigo en un campo de internamiento, posteriormente lo envían a Canadá.

Es aquí donde, Hans Coper, gracias a su amistad con un pintor de origen alemán -que lo inicia en el arte moderno-  cree encontrar su vocación: la escultura.

Regresa a Inglaterra tras alistarse como voluntario en el ejercito Británico.
En 1943 su estado de salud es precario, junto a una fuerte depresión le diagnostican reumatismo, en realidad una espondial artrítica anquilosante que no le abandonará jamás.
A finales de 1944 regresa a Londres donde alterna trabajos ocasionales con la pintura y el dibujo.


En 1946 se presenta a un pequeño taller donde solicitaban mano de obra para elaborar botones en cerámica.

Este taller está dirigido por una refugiada austríaca Lucie Rie.

Hans Coper se presenta con una inexperiencia e ignorancia total en la materia, a pesar de esto y en este ambiente modesto, se iniciará una fecunda colaboración entre dos de los grandes ceramistas de nuestro tiempo.


Estimulado por las nuevas condiciones, Coper demostrará sus aptitudes hacia el trabajo con el barro.
Aprenderá a tornear.
Participa plenamente del trabajo común del taller.

Por las mañanas está dedicado a la confección de botones, a las tardes al torneado de piezas personales y por las noches al dibujo. En poco tiempo Hans Coper se encontró al mismo nivel de Lucie Rie, veinte años mayor y con una larga y reconocida carrera en su país como ceramista.
Expondrá por primera vez sus obras en 1950 en una colectiva, a la que seguirán otras muchas así como reconocimientos profesionales en premios y certámenes.

Continuará su colaboración con Lucie Rie compartiendo taller y horno hasta 1958.


Desde 1959 trabaja solo en un pequeño taller. Entre 1961 y 1975 tendrá a su cargo cursos de cerámica en diversas escuelas de arte, donde se revelará como un magistral pedagogo e imprimirá como formula un precepto sencillo: prioriza el porqué sobre el cómo.

Sus últimos años estarán marcados por una reducción de la actividad al agravarse su estado de salud.

En 1975 le diagnostican la enfermedad de “Charcot “ esclerosis lateral amyotrófica, la evolución de esta patología desemboca en una parálisis de las manos y de la lengua que le impide la realización de todo tipo de trabajos y la comunicación verbal, haciendo muy penoso el contacto humano.

Pasará los dos últimos años de su vida voluntariamente recluido dedicando su tiempo a la meditación.
Fallecería en junio de 1980.

3 Coper ceramista
La cerámica de Coper se destaca poderosamente en un panorama dominado por la cerámica industrial utilitaria y por la influencia de Bernard Leach.
Su obra se relaciona con la cerámica mediterránea por su refinamieno y calidades y con la cerámica oriental por su perfección y espontaneidad.
De perfiles limpios, las superficies de sus obras se reconocen por sus colores mates, llenos de matices, donde los cremas, negros y blancos contienen una gran precisión e intensidad.

Hans Coper que ignora todo lo relacionado con la cerámica y la alfarería, se inicia en este oficio como colaborador de Lucie Rie en 1946, con la cual comparte taller y horno hasta 1958.
Obligado por un trabajo dirigido hacia la supervivencia - en el taller además de los botones, se hace cerámica utilitaria de gres-, abandona su interés inicial por realizar escultura de la cual se había fijado en las obras de Arp, Brancusi, Marino Marini, Gabo o Picasso,

A partir de 1948 dispondrá de tiempo para realizar su propia producción. Descubre que con materiales cerámicos puede dar solución a los problemas plásticos que más inquietud le habían causado en su acercamiento a la escultura.
Encuentra en la cerámica un carácter propio y no un sustituto de la escultura. Le fascina de los materiales cerámicos su durabilidad y la relación que a través de los tiempos ha unido al hombre con su entorno.

Para Coper la cerámica es
“una acumulación de sensaciones y no una expresión de emociones”

Hans Coper pensaba que al no hacer una cerámica utilitaria, al no ser un artesano, tenía el deber de hacer piezas de máxima calidad,
“el ceramista se justifica haciendo pieza única
tratando de encontrar un criterio estético”

Lucie Rie comentaba que rara vez trabajan juntos y que desconocía las técnicas y métodos de Hans Coper. El carácter reservado y tímido de Coper evitaría posibles influencias entre los dos ceramistas.
La obra de Coper. no se entronca en principio con ninguna rama de la cerámica.
En cuanto a sus fuentes de inspiración se puede citar la admiración que profesa en particular por la escultura de Constantin Brancusi, o la estatuaria de las Islas Cicladas y el arte primitivo en general.
En la evolución de su trabajo, se aprecia el abandono progresivo de la decoración y el aumento de interés por el estudio de las pastas, engobes y pocos esmaltes. Hacia técnicas cada vez más sencillas.
La fuerza de las piezas de Coper proviene de un contraste armónico de sutiles combinaciones de texturas de marrones, beige, blancos y negros.
Los últimos años de su vida activa los dedicó especialmente a la realización de piezas en las que se encontraban muy integradas las relaciones entre la forma, el color y textura.
En este periodo reduce la utilización del color y trabaja especialmente las calidades de la superficie.


4 carácter de su obra
Al inicio, sus piezas son de pequeño tamaño y perfiles ligeros.
Las dota de una decoración lineal cuyos grafismos, largos y vigorosos, indican claras influencias, entre otros, de Braque, Picasso o B. Nicholson.

Se alejará, a lo largo de los años 50, de este lenguaje para ir adoptando otro muy personal en el trato de la forma, la materia y el color. Creará un vocabulario visual enteramente nuevo que le colocará entre los grandes creadores de la cerámica contemporánea.
Se interesa por las formas más desnudas, más sencillas o por los ensamblajes más sorprendentes, lo que significa un gran trabajo preparatorio.
Cada pieza es producto de un intenso estudio previo, no son producto del azar. Surgen después de numerosos bocetos y estudios.
Conjuntos de piezas, a su vez, forman series con juegos de variaciones.

Coper utilizaría un único material, una arcilla chamotada (la llama “T material”) que consiste básicamente en una pasta de alta temperatura mitad Arcilla de Bolas y mitad caolín calcinado.
Para la decoración de la casi totalidad de sus piezas, sobre todo a partir de los años 50, utiliza como base un engobe porcelánico blanco -feldespato, creta, caolín- del que no revelará jamás su composición exacta- y cuando es coloreado, con oxido de manganeso.
En cuanto a las piezas negras, estas son cubiertas por una mezcla de oxido de manganeso y oxido de hierro.

Un vidriado en el interior, dará a sus piezas resistencia mecánica, impermeabilidad y un cierto contraste con las cubiertas mates.
Las texturas de las cubiertas, de aspectos tan característicos, reconocibles y sutiles, las logra con un tratamiento formado por múltiples capas donde cada aplicación es tratada como una veladadura de engobe aplicado con el pincel sobre la pieza seca y cruda, no en dureza de cuero, lo que exige una habilidad y técnica particular.

Antes de la cocción, la pieza es sometida a otros procesos y manipulaciones laboriosas: incisiones sutiles, bruñidos, etc. . , Que se suceden en ciclos donde alterna la humedad y el secado de las cubiertas.
La monococción la realiza en un horno eléctrico a 1.250ºC. en una atmósfera oxidante.

Por último procede al ensamblaje de los diferentes elementos que componen la pieza, ajustándolos, y dotándolas de pies.
Debido a la necesaria lentitud del proceso, no es extraño el numero reducido de piezas producida a lo largo de a su vez corta trayectoria vital.