Amalia Avia

Amalia Avia, pintora de todo lo que rodea al hombre
Fue una de las mayores representantes del realismo en España
FRANCISCO CALVO SERRALLER

 Amalia Avia

OBITUARIO - EL PAIS 31/03/2011

La publicación, en 2004, de sus memorias, tituladas significativamente De puertas adentro, no solo fue un testimonio precioso sobre su propia vida y la de su generación, sino la revelación de la rica y compleja intimidad de Amalia Avia, fallecida ayer (30-3-2011) a los 84 años.

Hasta entonces, la conocíamos como una excelente pintora, adscrita a la corriente clasificada como realismo madrileño, formada por un grupo de compañeros y amigos que coincidieron aprendiendo el oficio artístico en el Madrid de 1950, parte de los cuales acabaron estableciendo lazos familiares.

Entre ellos, Amalia Avia, que se casó con el también pintor, aunque no realista, Lucio Muñoz.
 Lucio Muñoz.

LUCIO MUÑOZ

Con la publicación de sus memorias se reveló como una excelente escritora
Amalia Avia, como Antonio López y su mujer, María Moreno, los hermanos López Hernández y sus respectivas mujeres, Esperanza Parada e Isabel Quintanilla, también se decantó por la figuración realista, pero su forma de interpretarla fue muy singular.

En primer lugar, no le interesaba la representación de la figura humana, sino los espacios en los que el hombre deja el paso y el poso de sus huellas, como las calles, las fachadas de los edificios con ciertos toques anacrónicos, los interiores domésticos, los bodegones...

Tampoco, a diferencia de otros realistas de su grupo, le gustaba pintar copiando directamente del natural, que visitaba para familiarizarse con el motivo, pero prefería luego trabajar a partir de fotografías.


Había en todo ello como la necesidad de filtrar la vivencia de las cosas, poner un cierto distanciamiento frente a ellas, mediante el cual conseguía sentir mejor su verdad. Por último, como le ocurría a su marido Lucio Muñoz, que era un pintor abstracto, amaba la materia encastada, de naturaleza orgánica, en la antítesis de los materiales industriales.

Con todo lo apuntado sobre su pintura, ya se podía intuir una sensibilidad especial, fraguada por las experiencias que configuraron su biografía en su infancia, marcada por la experiencia terrible de la Guerra Civil y, en los vaivenes de la posguerra, por haber tenido que vivir sucesivamente en Madrid y en la pequeña localidad manchega de la provincia de Toledo donde nació en 1930, Santa Cruz de la Zarza.

En estos contrastes tan fuertes, no solo de carácter histórico sino también de ámbitos físicos tan distanciados, como Madrid y un pequeño pueblo toledano, Amalia Avia fraguó su personalidad.


Seguramente, como antes se ha apuntado, las huellas de esta primera experiencia acabaron manifestándose en su obra pictórica. Pero la publicación de sus antes mencionadas memorias aportaron una información sobre ella, que en absoluto limita su interés a datos y documentos.

Amalia Avia se reveló como una excelente escritora, tanto más emocionante cuando revelaba en ellas su mundo interior, una revelación que, por otra parte, nos recuerda la manera de ver y de sentir de otras grandes escritoras de su generación, atentas a la captación de los detalles cotidianos que pasan desapercibidos, y la trama intensa y conmovedora de una vida, en la que aparentemente nada ocurre de espectacular.


En este sentido, Amalia Avia, además de haber logrado inscribirse con luz propia en la historia del arte español del siglo XX, nos ha dejado su voz íntima, cargada de sentido poético, y una recreación de la vida española, en una época de profundas tragedias y vertiginosas transformaciones.
Amalia Avia



Diego Muñoz Avia, hijo de los artistas Amalia Avia y Lucio Muñoz, ha reunido durante años junto a su familia una inmensa documentación sobre sus padres.
El resultado lleva el sencillo nombre de 


y tiene la forma de una página web que se erige como una suerte de museo digital que recoge fotografías, trabajos, documentos y anécdotas de estos dos referentes artísticos. La página, que profundiza en estos investigadores del abstracto y el realismo, ofrece además acceso al catálogo completo de la obra de Avia y Muñoz.
Uno era abstracto, la otra realista. Dos planteamientos diferentes, pero con mucho recorrido común. Lucio Muñoz y Amalia Avia eran destacados embajadores del arte español de la segunda mitad del siglo XX, cada uno en su área, pero unidos por algo más que el matrimonio. Su entorno era toda esa generación que marcó el devenir de la cultura de los últimos años del franquismo y la Transición.
La casa de Lucio y Amalia era el punto de encuentro de pintores, escultores, músicos, escritores y todo aquel que tenía cierta inquietud cultural en aquellos tiempos difíciles. Sin pertenecer a ningún grupo, pero circulando en paralelo a “El Paso”, consiguieron agrupar todo un plantel de artistas que crecieron juntos en una atmósfera de inquietud por todo aquello que oliese a cultura.
Abstracción y realismo
Lucio Muñoz fue uno de los buques insignia de su generación por esa credibilidad absoluta y ese rumbo certero que nunca perdió, dejando como legado su peculiar trato de la madera, su permanente refugio. Reza su lápida en el cementerio civil de Madrid: “La materia es un recuerdo único”. Muñoz demostró su pasión por la materia y por su potencia expresiva a lo largo de toda su trayectoria, con numerosos reconocimientos a su espalda, como el Premio Nacional de Artes Plásticas o la Medalla de Oro a las Bellas Artes.
Los fastuosos murales de Muñoz, como el de Arantzazu o la Asamblea de Madrid, su generosa obra en madera y en papel y su innovadora faceta como grabador le dieron un prestigio internacional que aún perdura.
Mientras Muñoz indagaba en el abstracto, Amalia Avia se refugiaba en la realidad más cruda, en el reflejo de la parte más sombría de la ciudad y la sociedad de los sesenta, setenta y ochenta. Camilo José Cela la definiría como “la pintora de las ausencias, del por aquí pasó la vida”, y eso fue lo que le otorgó un sello muy especial entre el particular grupo de realistas españoles, su manera de reflejar tanto las huellas humanas como las ausencias de Madrid, París, Barcelona o Lisboa.
Antonio López, Julio López Hernández, Isabel Quintanilla, Carmen Laffon y María Moreno fueron algunos de los compañeros de Avia en múltiples exposiciones, además de contertulios en largas veladas en su casa, junto a Rafael Canogar, Salvador Victoria, Manuel Rivera, Cristóbal Halffter, Alberto Portera, Carmelo Bernaola, Juana Mordó, Eusebio Sempere o Paco Nieva.